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Repensar la comunicación gubernamental en México después del COVID-19

Osiris S González-Galván


Las crisis derivadas del coronavirus COVID-19 y el uso intensivo de las redes sociodigitales para la circulación de mensajes inauguraron una dinámica de comunicación más bidireccional entre los gobiernos y los ciudadanos en México. Sin embargo, aún no se puede afirmar que este giro promueva intercambios más simétricos que fortalezcan de un lado, la participación de los ciudadanos y del otro, la apertura gubernamental.


En lo que concierne al gobierno, el confinamiento obligatorio mostró algunas de las desigualdades que existen en la gestión de plataformas de comunicación, especialmente para la generación y difusión de información. Más que nunca, fue necesario que las autoridades emitieran contenidos altamente especializados y precisos para dar certidumbre sobre el estado de la emergencia. Esta acción abrió una gran posibilidad para que los gobiernos transiten del enfoque de comunicación gubernamental propagandístico, que sortea las disposiciones legales-administrativas, a uno más colaborativo y transparente, que incluya los principios del Gobierno Abierto y atienda las necesidades de las personas en “la nueva normalidad”.


Desde mi visión, la comunicación de gobierno en México en los tiempos prepandémicos se caracterizó por una alta personalización política y débiles estructuras organizacionales que sostuvieron esta actividad. La relación con el ciudadano estaba centrada casi exclusivamente en dos actividades: informar sobre los resultados de las intervenciones gubernamentales ya realizadas y recoger las opiniones sobre las dependencias a través de sondeos y estudios de opinión.


Durante años, estas rutinas se apoyaron en los medios de comunicación para cumplir con sus propósitos. La adopción de las redes sociodigitales parecía cambiar el sentido de la comunicación, incorporando un valor interactivo a los intercambios. En todos los niveles de gobierno se popularizó el uso de Facebook o Twitter con el espíritu de comunicarse con los ciudadanos, en el sentido amplio de la palabra. Durante los últimos diez años, los niveles de intercambio permanecieron modestos, con aciertos, desatinos y experimentos en el uso de distintas plataformas.


El inicio de la contingencia provocada por el COVID-19 potencializó la utilización de las redes sociodigitales y se introdujeron nuevas herramientas como las transmisiones en vivo; además, un público más amplio se interesó en la posibilidad de interactuar con el gobierno. Después de tres meses de encierro y jornadas diarias de información, los intercambios discursivos entre los usuarios de plataformas digitales y las organizaciones gubernamentales se han intensificado cada vez más. Es ahí, donde quiero plantear una reflexión sobre la necesidad de redefinir la comunicación gubernamental en México.


Como he dicho, la web social trajo promesas sobre la democratización de los intercambios discursivos. Los microecosistemas digitales ampliaron el espacio público haciendo posible el encuentro ubicuo entre ciudadanos, servidores públicos, políticos, organizaciones del gobierno y de la sociedad civil. Resulta indispensable recordar que los intercambios en este entorno ocurren solo si los participantes se otorgan un reconocimiento mutuo.


Para explicar esta noción, retomo las ideas de Honneth (2004) sobre el acto del reconocimiento que se describe como la expresión pública de la existencia del otro a partir de los gestos expresados por el interlocutor que emite el mensaje. En el caso que planteamos, implicaría que la comunicación de gobierno en el ecosistema digital reconoce, mediante la emisión de sus mensajes, al ciudadano quien tiene la capacidad de limitar las acciones del gobierno. Estos límites se delinean públicamente a través de la validación o rechazo de los mensajes emitidos; por ejemplo, en un comentario en una página de Facebook, en un “me gusta” o en el acto de “compartir” el mensaje. El surgimiento de esta nueva configuración plantea que las relaciones entre los ciudadanos y el gobierno se moldearán continuamente a partir de diferentes procesos de reconocimiento.


La urgencia por obtener este reconocimiento podría impulsar a que los gobiernos implementen nuevas estrategias, incluyendo algunas poco éticas. El mal uso (misuse) de las redes sociodigitales se ha descrito desde diferentes ángulos; por ejemplo, se ha estudiado la creación y difusión de contenidos de odio por parte de grupos civiles radicalizados.


En el gobierno, la definición sobre el mal uso de redes sociodigitales tendría que iniciar con la exploración sistemática de todos aquellos mecanismos que emplean las instituciones públicas de manera deliberada para controlar la agenda y las controversias que se desarrollan en las plataformas digitales. Recientemente, un trabajo periodístico de Aristegui Noticias, Article 19 y Signa_Lab ITESO (2020) reveló que desde el gobierno federal existe una estrategia para desprestigiar y acosar a las personas que son percibidas como adversarios de la actual administración. De acuerdo con el informe publicado por estas organizaciones, la agresión se operó a través de cuentas falsas (bots) y perfiles de servidores públicos que atacaron a diversos actores, principalmente periodistas y exempleados de la agencia de noticias del estado (Notimex).


Este caso muestra la punta del iceberg sobre los malos usos en los que podrían incurrir los gobiernos para influenciar la agenda en las plataformas digitales. En mi opinión, existen otros mecanismos que tendrían que ser analizados; concretamente, acerca de cómo desde el gobierno se orquestan campañas digitales para promover la aprobación del público sobre ciertas decisiones y acciones públicas. Ambos ejemplos apuntan la existencia de una mayor interacción mediada por las plataformas digital, lamentablemente también muestra que los intercambios continúan siendo asimétricos y que frecuentemente contribuyen a la polarización de las controversias públicas, lo que deriva en el predominio del mensaje que emiten los gobiernos.


A pesar de la existencia de malos usos y asimetrías entre los actores, “la nueva normalidad” tendría que empujarnos hacia una dinámica que se guie a partir de las necesidades de información y comunicación del público, quien ahora busca otras vías para interactuar con el gobierno, ya que la presencia física para cualquier actividad resulta ahora una utopía.


Por lo anterior, considero que existe una gran oportunidad para que el año 2020 se convierta en el inicio de una nueva etapa en la comunicación del gobierno, gestada a partir de la profesionalización de los comunicadores de las organizaciones públicas, la apropiación de los usuarios de las plataformas gubernamentales y la inclusión de los principios de Gobierno Abierto. La conjunción de estos elementos da la pauta para entender a las redes sociodigitales como una herramienta que permite gestionar la apertura gubernamental, la atención al público y la relación ciudadano-gobierno. En este momento, apremia que las tecnologías que anteriormente fueron usadas con fines poco éticos se transformen en oportunidades para repensar la comunicación de gobierno y que además, se profundice en el desarrollo de ecosistemas digitales propios.


Referencias


Aristegui Noticias. (2020). Directiva de Notimex ataca periodistas y organiza campañas de desprestigio en redes sociales. Recuperado de: https://aristeguinoticias.com/1205/mexico/directivas-de-notimex-atacan-periodistas-y-organizan-campanas-de-desprestigio-en-redes-sociales/


Honneth, A. (2004). Visibilité et Invisibilité. Sur l’épistémologie de la “reconnaissance.” Revue Du MAUSSS, 1(3), 137–151. Recuperado de: https://www.cairn.info/revue-du-mauss-2004-1-page-137.htm


Osiris S González-Galván I @osirisglzgalvan

osirisglezgalvan@gmail.com

Es investigadora postdoctoral en Comunicación Pública en la Université Laval. Doctora en Políticas Públicas por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (2018) y Maestra en Gobierno y Asuntos Públicos por el Centro de Investigación y Desarrollo del estado de Michoacán (2014). Actualmente realiza un estudio comparado entre México y Canadá sobre el uso de las redes sociodigitales por los gobiernos locales. En el 2018 fue electa como Vicepresidenta de Comunicaciones en la Canadian Association of Postdoctoral Scholars y es miembro de la Red Académica de Gobierno Abierto, capítulo México. Su más reciente contribución la hizo en el libro Ciudadanía, Comunicación y Democracia (2018) con la obra “La doble vía de la democratización comunicacional: una reflexión acerca de la apropiación de las herramientas sociales digitales” en coautoría con François Demers, profesor de la Université Laval.


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